Bad Bunny es el soundtrack de mis emociones millennials  X100PRE

Bad Bunny es el soundtrack de mis emociones millennials X100PRE

Hoy en día, si se está entre los 22 y 36 años, son más las cosas que nos causan ansiedad y taquicardia en medio del día laboral que las que no. Una de las cosas que ayudan, en mi experiencia personal, es el escuchar la música que más le hable a mi pobre humanidad agobiada y doliente. Es por eso que desde el 26 de diciembre no ha pasado un solo día sin que escuche al menos una canción del primer álbum completo del artista puertorriqueño, Bad Bunny.

Iniciado en el trap, Bad Bunny ha adquirido fama mundial a velocidad acelerada gracias a su colaboración con artistas como Cardi B, Drake y JBalvin. Es una de las figuras de la música contemporáneas más interesantes y matizadas; y aunque el reguetón y el trap tienen una fuerte historia de misoginia, Bad Bunny activamente busca borrar las líneas entre los roles de género y exponer nuevas formas de masculinidades dentro de los géneros de música “urbana”.

Su álbum X100PRE es, además, una obra maestra (puede que esté siendo hiperbólica, pero también puede que no). El disco es un ave rara dentro de los catálogos de trap y reguetón por la sencilla razón de que es el álbum hacia el que nos estábamos inevitablemente dirigiendo todos los niños de los noventa y dos mil que escuchábamos música emo, compartimos ilustraciones de muñequitos darks y depresivos, y esperábamos con ansias que alguien viajara a Estados Unidos para pedirles que nos trajeran ropa de Hot Topic.

Con la universidad vino una ampliación de nuestro paladar musical. Hay aquellos que  –todos somos libres de preferir lo que se nos cante en gana– se quedaron con un gusto restrictivo y anglocéntrico de lo que es la “buena música”. Otros aceptamos el perreo en nuestros corazones. Sin embargo, ese espíritu emo no es algo que se disuelva tan fácil. Para los millennials que están bordeando los 30, esa energía se ha convertido en nuestras crisis del cuarto de edad y la perenne confusión, desamor y desesperanza de sentirnos llenos de potencial y de impotencia frente a la realidad de la vida actual.

A lo largo de las 15 canciones de X100PRE, Bad Bunny extrapola el espectro completo de los sentimientos con los que cargamos hoy en día. ¿Quién de nosotros no le ha dicho mentalmente “sin ti no me va bien, tampoco me va mal” a un ex/trabajo/familiar fastidioso? Canciones como “¿Quién tu eres?”, “Caro” y “Ser Bichote” nos plasman en nuestros días más enérgicos. Cuando nos consignan una cuenta de cobro, cuando nos contactan para un proyecto, cuando nos aceptan una cotización que habíamos mandado con miedo.

En esos momentos nos sentimos inmensos, como que todo lo que sentimos que es bueno y cierto sobre nosotros, es en efecto cierto. Miramos esa consignación, fruto de un trabajo bien hecho, con orgullo y ganas de gastarla toda en el perreo, lujos y fondos de pensiones que nos merecemos. “Lo mismo bebo Möet, que bebo guaro”, queremos todo y queremos en cualquier rango de precios porque nos ha tocado probar todo.

En entrevistas Bad Bunny siempre ha dicho que su música y sus canciones están hechas de acuerdo a lo que a él le guste musicalmente y no guiado por las fórmulas de lo que es popular en el momento. Siguiendo esta línea de pensamiento, encontramos joyas como “Tenemos que hablar” y “Otra noche en Miami”. La primera es el crossover que no sabíamos que necesitábamos de Blink 182 con reguetón. Si I Miss You hubiese tenido tanto sabor, en ese entonces seguramente más de nosotros habríamos hablado con nuestros crushes en lugar de solo conectarnos y desconectarnos con desespero de Messenger.

En “Otra Noche en Miami” Bad Bunny comienza a adentrarse en la introspección que marca la segunda mitad del disco. Lo hace evocando las imágenes clásicas del reguetón de modelos, carros y mucho-Gucci-mucho-Prada con un ritmo que hace que incluso los fans más anti-reguetón de Chemical Brothers sonrían.

El corazón y secreto de este disco está en que es un disco de despecho. Obviamente el corazoncito de Bad Bunny sigue prendado de alguien. “Si estuviésemos juntos”, “Cuando Perriabas” y “Ya Nada es Como Antes” son los mejores ejemplos de perreo para llorar. Nuestras mamás y tías tuvieron música para planchar, nuestra generación ha elevado el género. “Ya Nada es Como Antes” incluso tiene el detalle coquetísimo de recordarnos éxitos de nuestro crecimiento emocional tales como: canciones de Shakira, Game Boys, Blockbuster y Myspace.

 Hacia el final del álbum tenemos los cambios de ánimo que vienen con el ser una persona joven. “Hoy olvidé las coordenadas de mi destino / Se me dañó el GPS a mitad de camino / Y no sé si me raptaron o estoy perdido”. El perreo hasta el suelo, ¿y la autoestima? bien gracias. Haciendo lo que puede. En “La Romana” y “Estamos Bien” cerramos el círculo, nos sacudimos la pendejada porque al fin y al cabo nadie vive de sentirse lástima, y volvemos al perreo. Rejuvenecidos por las lágrimas que soltamos y seguras de lo que ya definitivamente no vamos a permitir en nuestras vidas; “No me vuelvas a decir bebé / Yo no soy tuyo ni de nadie, yo soy sólo de mí / No me vuelvas a decir bebé / Ya tú lo sabe’ que yo no estoy ni un poquito pa’ ti”.

Escuchar este disco completo es el equivalente más barato y no oficial de al menos tres sesiones de terapia. Este álbum nos demuestra que dentro de los géneros de música urbana se pueden tener conceptos complejos e interesantes. Y hay algo catártico y relajante en el poder consumir las angustias de uno pero con mejor ritmo, y es bueno también saber que incluso artistas como Bad Bunny no saben qué hacer con las tusas que llevamos como cálculos del espíritu.

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