Reglas de Juego

Reglas de Juego

Qué inconveniente que te atravieses así en mi camino,

cuando yo ya había guardado la ilusión en el cajón de los imposibles,

cuando ya había ordenado los pendientes

y el amor había quedado en cola de espera.

 

 Qué inconveniente que hayas llegado,

como una epidemia de inocencia,

justo cuando ya había negociado con la poesía

las cuotas máximas de pasión que dejaba en cada verso.

 

Y qué inconvenientes tu risa,

tus manos,

tus confesiones.

Qué inconveniente esa forma de hacer temblar mis piernas,

de hacerme cuestionar mis códigos,

de hacerme titubear ante los sueños

a plena luz de día.

 

 ¿Qué haces con las horas que gasto pensando en ti?

¿Qué haces con las noches,

cuando son otras manos las que acarician tus llagas?,

¿Qué haces cuando pruebas la esclavitud en sus labios,

añorando la osadía de nuestras charlas a solas?

¿Y qué se supone que haga yo

con esta estática que se acumula entre mi cuerpo y el tuyo?

 

 Qué inconveniente es tu recuerdo,

que me ha quitado las ganas

de volver a leer en cada trayecto del metro;

qué inconvenientes se han vuelto las despedidas,

pues ya no sabemos cuál será la definitiva.

Qué inconveniente es vernos arder

sin atrevernos a pecar

y luego

simplemente

sonreírle al engaño.

 

 Qué inconveniente tu silencio,

qué inconveniente mi terquedad.

 

 Qué inconveniente esta incertidumbre,

cuando te apareces sin siquiera haber venido,

recordándome que he empezado a disfrutar de más

esos momentos en que me detengo

a describir lo que siento

a la luz de tu mirada.

Qué inconveniente es quererlo todo,

porque estoy llena de ganas.

 

 Qué inconveniente este miedo que me atrapa,

al pensar que podrías irte.

Y es que la mayoría huye al principio,

ese es mi gran problema:

mis abismos son tan profundos que son pocos los atrevidos;

y ellos saben que se arriesgan a quedarse para siempre.

 

 Mi inconveniente es verte a color,

cuando me había acostumbrado al daltonismo;

es querer complacerte con mi dolor;

es perder de vista el tiempo, si me sonríes de repente.

Mi inconveniente eres tú,

porque por ti cambiaría las reglas de este juego.

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