Reseña: Chavela (2017)

Reseña: Chavela (2017)

Chavela, de Catherine Gund y Daresha Kyi presenta los comienzos, el exilio y el regreso a los escenarios de la reconocida cantante. La muestra como un símbolo de constante fortaleza y resistencia, y también como un icono lésbico mexicano.

 

Temprano en el documental Chavela Vargas dice ¨es tan corto el amor y tan largo el olvido¨. En sus 90 minutos, se ve con eficiencia, coherencia y precisión la vida y obra de una de las voces más reconocidas de la música ranchera y, aunque es un film relativamente corto, gracias a la profundidad de los temas, las lecciones de vida de Chavela quedan persistentes mucho después de que se prenden las luces de la sala de cine.

El film comienza narrando la niñez de Chavela, originaria de Costa Rica, pero mexicana de corazón. Desde muy temprano en su vida, la pequeña Isabel Vargas, como es bautizada originalmente, sufre el rechazo de sus padres por ser una niña diferente, con sus tintes de masculinidad en el vestuario, en el pelo y en sus relaciones intrapersonales. De joven Chavela huye de Costa Rica hacia Ciudad de México donde se refugia en la música para escapar de los traumas de su niñez. Aunque tiene cierto grado de éxito, las mismas características que la hacen única pero que la alejaron de sus padres la persiguen y la excluyen de una sociedad machista controlada por una mentalidad patriarcal –sus palabras, no mías–.

 

La melancolía y la soledad que la acompañan a lo largo de su vida son un fuego que domina su existencia. Ella menciona su realidad solitaria no como una enemiga sino como una casualidad de una vida llena de profundos dolores que le han quitado –y le han dado– todo. Entre los extraños regalos entregados por esta profunda soledad se encuentra el desarrollo de un alcoholismo que persigue a Chavela durante casi dos décadas. Tanto sus amigos como colegas concuerdan en que fue su relación con el tequila lo que la llevó al exilio por 12 años y nada más y nada menos, lo que casi le quita la vida.

Por un golpe de suerte, en la década de los 90, Chavela renace gracias al apoyo de amigos españoles, entre ellos el director Pedro Almodóvar (su marido en la tierra como ella lo describe), que hacen piruetas y maromas para recordarle al mundo el tesoro escondido que es Chavela Vargas. Chavela nunca vuelve a dejar el escenario.

 

La columna vertebral de Chavela es una entrevista a la cantante realizada por la misma co-directora Catherine Gund en 1993, que fue rescatada en el 2012 después de la muerte de la cantante. En esta entrevista de imagen arenosa y movida, Gund habla con Vargas sobre el rechazo constante a su persona, las traiciones de sus amores pasados y lo que significa ser mujer.

 

Estas imágenes son cortas pero son contundentes para entender un poco mejor lo que piensa y lo que siente. Sus canciones aparecen en varias secuencias en con subtítulos en inglés. Entiendo el valor comercial de esta característica en el documental, pero aun así el exorcismo del dolor que Chavela transmite con cada nota ya es suficientemente difícil de explicar en español, y mucho más complejo de traducir al inglés. Por ende, no funciona y distrae.

 

Además de todo esto, hay múltiples entrevistas a las personas que más  conocieron a Chavela, sus amores del pasado, sus amigos de fiesta y sus managers. Incontables anécdotas concuerdan en algo: era una mujer que amaba y hería a la vez pero que, más que nada, quería ser amada también.

Al hacer un recuento de la vida de Chavela, las realizadoras deciden hacer hincapié en dos puntos: la cantante es uno de los iconos lésbicos más reconocidos y queridos en la conciencia colectiva mexicana. Como dice Chavela Vargas, ser mujer es un privilegio.

 

Este último punto resuena un poco más fuerte que el primero. Aun hoy es impresionante escuchar una declaración tal. Ser mujer sí es un privilegio, y la vida de Chavela Vargas es una contundente muestra de ello. En una sociedad en donde hay un esfuerzo sobrehumano para esconder a la mujer como figura poderosa, Chavela Vargas es la pequeña planta que abre raíces, empuja y crece sobre el pavimento.

 

Estas lecciones sobre resistencia y dolor quedan impregnadas en el espectador y son aun más claras cuando se escucha su música. Todos hemos sufrido desamores y rechazos y de ahí parte el trabajo de Chavela. Solo que ella, como pocas otras, transmite el mensaje tan visceralmente que nos hace partícipes de su dolor: no lo explica sino que lo comparte. Es la autenticidad de su canción popular y el fuerte sentimiento con que la entrega lo que hace de ella un reflejo de nosotros mismos.

 

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